sábado, enero 28, 2012

Contraste

 

Contraste

1. m. Acción y efecto de contrastar.

2. m. Oposición, contraposición o diferencia notable que existe entre personas o cosas. (DRAE)

 

“Y al instante yo estaba en el Espíritu;  y he aquí,  un trono establecido en el cielo,  y en el trono,  uno sentado.” (Apocalipsis 4:2)

 

Para finales de la década de los años 80 o principios de los 90 me encontraba orando de rodillas en mi habitación durante horas de la noche, simultáneamente tenía una radio encendida en una mesa a mi lado derecho sintonizando una emisora cristiana muy conocida en aquel entonces en el área oeste del país: Radio Fe. En esa noche se transmitía parte de la campaña del evangelista Jorge Raschke en la ciudad de Mayagüez, que era realizada en aquellos días. La unción de Dios era palpable, lo que me motivaba a interceder en oración. Mientras esto acontecía comencé a observar lo siguiente: Pude ver mi cuarto y que las ventanas del mismo fueron removidas (todo esto lo observaba espiritualmente ya que mis ojos permanecían cerrados a causa del clamor en el que me encontraba), miraba hacia el frente y en el cielo sobre las montañas y el valle del pueblo de Aguada, un trono blanco y sobre este uno sentado, con vestiduras blancas y una corona de oro sobre su cabeza. Seguía observando y debajo del trono comenzó a salir una especie de tela fina blanca, transparente y resplandeciente que se extendió hacia todos lados debajo del trono y sobre Puerto Rico, al norte, al sur, al este y al oeste debajo del trono y sobre toda la isla. Aunque aquella escena producía en mí una sensación inigualable, no comprendía si la imaginaba o era parte de un trato particular del Espíritu, a mi relativamente nueva vida en Cristo. Meditando en esto, escuchaba que el evangelista Jorge Raschke cantaba un coro como parte de la ministración de la noche. Este cantaba: “Yo siento un gozo en mi alma, gozo en mi alma…” en español e inglés, acompañado de los músicos. Repentinamente este comenzó a hablar en otras lenguas y paso seguido pidió a los acompañantes que detuvieran la música, entonces se dirigió a la audiencia y profirió lo siguiente: “Estoy teniendo una visión. Veo que la Gloria de Dios se está extendiendo sobre todo Puerto Rico y me dice el Señor que ahora mismo hay un joven en su hogar, de rodillas orando, junto a la radio, teniendo la misma visión.” Aquellas palabras me estremecieron y sentí cuando corrientes salían de los altavoces de la radio y me cubrían de la cabeza a los pies; sentía ríos de agua viva corriendo por todo mí ser. Ya estaba seguro, no era mi imaginación, ni siquiera algo aislado o particular, realmente estaba teniendo una visión de la Gloria de Dios sobre mi isla, ¡Aleluya!    

Hoy en día medito nuevamente sobre esta visión y la condición actual en Puerto Rico. Los titulares de los principales diarios del país nos brindan un panorama aterrador. Nuestra tierra parece un lugar de anarquía y descontrol total donde nada parece poner fin a este derrotero. La iglesia actual es una enclenque, mundana, inexistente, con excepción de unos pocos, confirmando así las palabras del Señor, cuando dijo: También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.” (2 Timoteo 3:1); “Nadie os engañe en ninguna manera;  porque no vendrá sin que antes venga la apostasía,  y se manifieste el hombre de pecado,  el hijo de perdición,” (2 Tesalonicenses 2:3) ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Dónde está aquella iglesia santa, ungida, capacitada para demostrar su posición en Cristo? ¿Acaso Dios ha cambiado? No, Dios no ha cambiado ni cambia pues así lo declara la Palabra: Porque yo Jehová no cambio;  por esto,  hijos de Jacob,  no habéis sido consumidos. (Malaquías 3:6); Jesucristo es el mismo ayer,  y hoy,  y por los siglos. (Hebreos 13:8) Ahora bien esa misma Palabra en otro pasaje nos muestra que el hombre si: Dios no es hombre,  para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. (Números 23:19a), pareciera que la Gloria de Dios se hubiese alejado como en los días de Ezequiel. Esa misma iglesia se encuentra inmersa en distracciones, liviandad, indiferencia, sequedad, adoptando todo tipo de método humano y carnal para tratar de cambiar lo que es patente y evidente: El aumento de la violencia sobre nuestra tierra y sociedad “Y se corrompió la tierra delante de Dios,  y estaba la tierra llena de violencia.” (Génesis 6:11) Pero Dios no ha llamado a su iglesia a utilizar modelos humanos y mundanos ya que la victoria no se puede obtener mediante alianzas inicuas, sino mediante la integridad y fidelidad al único que es llamado El Todopoderoso “Y sabréis que yo soy Jehová;  porque no habéis andado en mis estatutos,  ni habéis obedecido mis decretos,  sino según las costumbres de las naciones que os rodean habéis hecho.” (Ezequiel 11:12); “No améis al mundo,  ni las cosas que están en el mundo.  Si alguno ama al mundo,  el amor del Padre no está en él.” (1 Juan 2:15)

¿Qué pues haremos en esta hora que nos ha tocado vivir? La Palabra del Señor dice: “Pero tengo contra ti,  que has dejado tu primer amor. Recuerda,  por tanto,  de dónde has caído,  y arrepiéntete,  y haz las primeras obras;  pues si no,  vendré pronto a ti,  y quitaré tu candelero de su lugar,  si no te hubieres arrepentido.” (Apocalipsis 2:4-5); “Si se humillare mi pueblo,  sobre el cual mi nombre es invocado,  y oraren,  y buscaren mi rostro,  y se convirtieren de sus malos caminos;  entonces yo oiré desde los cielos,  y perdonaré sus pecados,  y sanaré su tierra.” (2 Crónicas 7:14) Es tiempo de santificarnos, no según interpretaciones privadas y apóstatas, sino según la Palabra: “Santificaos,  pues,  y sed santos,  porque yo Jehová soy vuestro Dios.” (Levítico 20:7); “Y les dijo: ¡Oídme,  levitas!  Santificaos ahora,  y santificad la casa de Jehová el Dios de vuestros padres,  y sacad del santuario la inmundicia.” (2 Crónicas 29:5); “Levántate,  santifica al pueblo,  y di: Santificaos para mañana;  porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti,  Israel;  no podrás hacer frente a tus enemigos,  hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros.” (Josué 7:13); Seguid la paz con todos,  y la santidad,  sin la cual nadie verá al Señor. (Hebreos 12:14); Y el mismo Dios de paz os santifique por completo;  y todo vuestro ser,  espíritu,  alma y cuerpo,  sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. (1 Tesalonicenses 5:23)

Cuando como creyentes reconocemos lo errado de nuestro proceder, nos arrepentimos y nos convertimos de nuestro mal camino, podremos contemplar nuevamente la Gloria de Dios sobre nuestra isla, la Isla del Cordero, pues Dios así lo ha prometido: “Diles,  pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí,  dice Jehová de los ejércitos,  y yo me volveré a vosotros,  ha dicho Jehová de los ejércitos.” (Zacarías 1:3); “Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes,  y no las guardasteis.  Volveos a mí,  y yo me volveré a vosotros,  ha dicho Jehová de los ejércitos.  Mas dijisteis:   ¿En qué hemos de volvernos?” (Malaquías 3:7) Escudriñémonos y saquemos lo que impide la manifestación de la Gloria de Dios, sobre la Iglesia primeramente y sobre nuestra tierra, pues hay promesa de Dios al respecto: El que tiene mis mandamientos,  y los guarda,  ése es el que me ama;  y el que me ama,  será amado por mi Padre,  y yo le amaré,  y me manifestaré a él. (Juan 14:21); Y Josué dijo al pueblo: Santificaos,  porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros. (Josué 3:5) 

 IslaDelCordero

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