domingo, abril 11, 2010

¿Dónde está la línea?

l_nea_recta_1_ Sin lugar a dudas uno de los mayores problemas que tiene el pueblo de Dios en la actualidad es la incapacidad a la hora de hacer diferencia entre lo santo y lo profano, pues con gran estupor vemos como el pueblo de Dios traspasa la línea que por la palabra de Dios sabemos no se puede traspasar. Desde luego, no es la primera vez que esto ocurre en el pueblo de Dios, ya que en días del profeta Ezequiel éste profetizó acerca de los sacerdotes lo siguiente: “Sus sacerdotes violaron mi ley, y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis días de reposo apartaron sus ojos, y yo he sido profanado en medio de ellos”; Ezequiel 22:26.

Pero, ¿a que se debe esta incapacidad en el pueblo de Dios? Cuando alguien no es capaz de hacer diferencia entre lo santo y lo profano, o de discernir entre lo limpio y lo no limpio, claramente es porque no está siendo enseñado, instruido. La enseñanza y la instrucción juegan un papel fundamental en la capacitación del pueblo de Dios. El pueblo que no es enseñado, instruido, es un pueblo que no sabe dónde está la línea entre lo santo y lo profano.

Por muchos años Israel y Judá traspasaron la línea entre lo santo y lo profano, precisamente porque los sacerdotes que debían ocuparse de enseñar al pueblo, habían descuidado esta función específica de los sacerdotes; “Ellos (los sacerdotes) enseñarán tus juicios a Jacob, Y tu ley a Israel…”, Deuteronomio 33:10. Los sacerdotes eran custodios de la palabra de Dios y el pueblo debía acudir a ellos para conocer la palabra de Dios, “Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos”; Malaquías 2:7. Es la voluntad de Dios que su pueblo sea enseñado y esa responsabilidad es de los ministros de Dios, “Y enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán a discernir entre lo limpio y lo no limpio”; Ezequiel 44:23.

La frase hacer diferencia entre lo santo y lo profano indica claramente un contraste entre lo que Dios ha ordenado y lo que no ha ordenado. Un ejemplo muy claro de esto lo encontramos en el libro de Levítico, donde los sacerdotes Nadab y Abiú, hijos de Aaron, ofrecieron según el texto sagrado “fuego extraño”, el cuál Dios nunca les mandó, traspasando la línea entre lo santo y lo profano, “Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó” Levítico 10:1. Por fuego extraño se entendía “ajeno”, del hebreo זוּר zur, es decir sin relación alguna con el fuego que Dios mandó ofrecer.

Había varios factores que hicieron del fuego de Nadab y Abiú un fuego extraño. En primer lugar el fuego se debía tomar de los carbones encendidos del altar de bronce, “Después tomará un incensario lleno de brasas de fuego del altar de delante de Jehová, y sus puños llenos del perfume aromático molido, y lo llevará detrás del velo. Y pondrá el perfume sobre el fuego delante de Jehová, y la nube del perfume cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio, para que no muera”; Levítico 16:12,13, cosa que según el texto sagrado ellos no hicieron, pues el texto dice tan sólo que pusieron fuego en su incensario; en segundo lugar el incienso debía estar preparado según las instrucciones de Dios, “Dijo además Jehová a Moisés: Toma especias aromáticas, estacte y uña aromática y gálbano aromático e incienso puro; de todo en igual peso, y harás de ello el incienso, un perfume según el arte del perfumador, bien mezclado, puro y santo. Y molerás parte de él en polvo fino, y lo pondrás delante del testimonio en el tabernáculo de reunión, donde yo me mostraré a ti. Os será cosa santísima. Como este incienso que harás, no os haréis otro según su composición; te será cosa sagrada para Jehová. Cualquiera que hiciere otro como este para olerlo, será cortado de entre su pueblo”; Éxodo 30:34-38, y en tercer lugar un estado de embriaguez no les permitió discernir que estaban profanando el fuego de Dios, “...no beberéis vino ni sidra cuando entréis en el tabernáculo de reunión, para que no muráis; estatuto perpetuo será para vuestras generaciones, para poder discernir entre lo santo y lo profano, y entre lo inmundo y lo limpio, y para enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos que Jehová les ha dicho por medio de Moisés”; Levítico 10:9,10.

A muchos hoy les ocurre lo que a Nadab y Abiú, por no seguir lo ordenado por Dios incurren en profanación de las cosas santas de Dios. Otros ni siquiera saben hacer diferencia entre lo santo y lo profano, no saben delimitar las cosas santas de Dios, es decir, no saben establecer la línea entre lo santo y lo profano, para así no violar el mandamiento. Por no saber discernir, el pueblo llama a lo malo bueno, aprobando como lícito lo que para Dios no lo es; mas como dice el profeta Isaías: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ”; Isaías 5:20.

“Pero Jehová de los ejércitos será exaltado en juicio, y el Dios Santo será santificado con justicia”; Isaías 5:16. Muchos yerran pensando que el Dios Santo no juzgará las continuas transgresiones que se están haciendo, pero Dios será exaltado en juicio. Las Escrituras dan testimonio de que Dios no tendrá por inocente al culpable; Nahum 1:3.

Recordemos siempre que hay una línea que no debemos cruzar, que hemos sido llamados a glorificar a Dios.

Vargas, J.C. (2010) ¿Dónde está la línea? Extraído el 11 de abril de 2010 desde http://lluviasdebendicion.org/

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