miércoles, junio 03, 2009

La Vestimenta - Parte 3 (Estudio Bíblico)

Pautas a seguir para vestirnos

Llegados a este punto, debemos preguntarnos; ¿cómo deberíamos vestirnos los creyentes en la actualidad, ya que no disponemos de las mismas prendas de vestir que los antiguos?, ¿existen pautas en las Escrituras acerca de cómo hemos de vestirnos en la actualidad?

Lo primero que tenemos que hacer es recordar el origen del vestido en la vida del hombre, que no es otro que el de cubrir su desnudez. Esto es, y será valido para cualquier generación, sea la edénica o la actual, pues Dios sigue considerando la desnudez como algo vergonzoso. El Señor Jesús escribe a la iglesia que está en Laodicea al respecto y le dice:
"Yo te amonesto que de mí compres oro afinado en fuego, para que seas hecho rico, y seas vestido de vestiduras blancas, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas"; Apocalipsis 3:18, es decir, le pide que se vista para que no se descubra la vergüenza de su desnudez. También en Apocalipsis 16:15 leemos "He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza".

La demanda divina es que nos cubramos, de manera que no se vean o se descubran las partes de nuestro cuerpo que son menos honestas, y aún las que lo son. El Apóstol Pablo escribiendo a los Corintios dice:
"á aquellos miembros del cuerpo que estimamos ser más viles, á éstos vestimos más honrosamente; y los que en nosotros son menos honestos, tienen más compostura"; 1ª Corintios 12:23, indicando, que miembros como los pies y el vientre considerados mas viles (lit. menos honrados), aunque no lo son, los vestimos más honrosamente calzando los pies y cubriendo el vientre, y miembros menos honestos como los genitales son cubiertos con compostura por las gentes de cualquier clase social, aún por los salvajes o no civilizados.

En
Juan 21:7 podemos leer lo siguiente: "Entonces aquel discípulo, al cual amaba Jesús, dijo á Pedro: El Señor es. Y Simón Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse la ropa, porque estaba desnudo, y echóse á la mar" (versión RV 1909), y la pregunta que inmediatamente surge es, ¿por qué Simón Pedro se ciño (vistió) la ropa cuando oyó que el Señor estaba frente a él?. En primera instancia responderíamos, "porque estaba desnudo" (solamente con la ropa interior), pero analizando más a fondo el suceso, podemos ver la verdadera razón por la cual Simón Pedro se vistió su ropa, pues dice la Palabra de Dios que lo hizo cuando "oyó que era el Señor" el que hablaba con ellos, es decir, se vistió porque sintió la misma vergüenza ante el Señor a causa de su compostura, que sintió Adán cuando oyó la voz de Dios en el huerto estando Adán tan solo con un delantal, es decir, desnudo. Simón Pedro no estaba completamente desnudo, pero se había despojado de suficiente ropa como para sentirse avergonzado. Recordemos que el no vestirse de manera adecuada, o andar escaso de ropa es considerado desnudez.

La manera adecuada de vestirse la establece el Espíritu Santo inspirando a los Apóstoles Pedro y Pablo, quienes escribieron sobre el asunto de manera clara y contundente. En
1ª Timoteo 2:9 el Apóstol Pablo da directrices acerca de cómo debemos vestirnos, en concreto como lo han de hacer las mujeres cristianas; "Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos".

Veamos esas directrices dadas por el Apóstol Pablo:

"ropa decorosa"; 1ª Timoteo 2:9

Decorosa
El término griego para decorosa/o es
"kósmios", que quiere decir propiamente ordenado, decoroso, decente. Las mujeres cristianas deben vestirse con ropa decente, que no promueva la ostentación, la vanidad, y mucho menos que despierte pasiones carnales en el sexo opuesto.

La ropa masculina en la mujer esta fuera de orden, no reúne los requisitos que se demandan a una mujer cristiana. Una prenda masculina que no debe vestir una mujer es el
"pantalón", pues como hemos visto con anterioridad es una prenda masculina, que se incorporó al vestuario femenino fruto de un espíritu de rebelión y que rompe con el orden establecido por Dios de vestirse según la naturaleza de cada uno, violando la identidad.

Para la sociedad actual que sigue las pautas que dicta la
"moda" esto es inaudito, absurdo, anormal, pero no olvidemos que nosotros no somos del mundo, y que las pautas acerca de cómo nosotros hemos de vestirnos las establece Dios en su palabra y no la "moda" o el mundo.

"con pudor y modestia"; 1ª Timoteo 2:9

Pudor
El término griego para pudor es
"aidos", que sugiere sentido de vergüenza arraigado al carácter. Aidos siempre detendría a una persona buena de cometer un acto indigno. Las mujeres cristianas deben vestirse según el sentido de vergüenza del que han sido dotadas por el Espíritu Santo de Dios, por lo tanto, deben abstenerse de usar ropa que descubra las partes de su cuerpo que son menos honestas, y aún las mas honestas. Prendas como las minifaldas, las trasparencias y los top no deben ser utilizadas por las mujeres cristianas. Los escotes exagerados y las blusas sin mangas también deben ser evitados. La ropa ajustada al cuerpo, que lo marca resaltando su forma, no es propia para una mujer con sentido de la vergüenza, o como dijera el Apóstol Pablo, para una mujer que "profesa piedad".

No solo en su forma de vestir la mujer cristiana ha de mostrar su sentido de la vergüenza, sino también en su comportamiento y actitud. Un ejemplo de cómo no debe comportarse una mujer cristiana lo encontramos en
Isaías 3:16, donde Dios por medio del profeta Isaías revela el comportamiento desvergonzado de las hijas de Sion,

cuellierguidas (con orgullo, altivas) ◦ ojos desvergonzados (lascivos) ◦ andan danzando (con coquetería) ◦ haciendo son con los pies (llamando la atención)

Modestia
El término griego para modestia es
"sofrosune", que denota recto juicio de la mente, cordura, dominio propio. Sofrosune es aquel control interno habitual del yo, con su refrenamiento constante de todas las pasiones y deseos, que estorbaría que surgiera la tentación sobre estas, o en todo caso que surgiera con tal fuerza que venciera los controles y las barreras que aidos, (pudor) le opusiera.

Las mujeres desde siempre se han sentido atraídas por los complementos y adornos diversos, los cuales tienen la finalidad de cambiar la apariencia, y seducir a los hombres. En
2ª Reyes 9:30, Ezequiel 23:40, y Jeremías 4:30 se menciona un complemento como el antimonio, un polvo de dicho metal de color negro, que usaban las mujeres orientales para pintarse los ojos para que estos parecieran mayores y brillantes. Las mujeres orientales lo copiaron de los egipcios, quienes fueron los pioneros en esto de pintarse o maquillarse, usando el antimonio para pintar los párpados de los ojos y el oxido de hierro natural para pintar los labios. Las mujeres cristianas deben soportar la tentación de utilizar complementos y adornos que cambien su apariencia, ya que la belleza no esta en el exterior sino en el interior; 1ª Pedro 3:3,4. En su rostro debe estar el rubor de la modestia en lugar de la pintura.

El Apóstol Pedro armoniza con el Apóstol Pablo en su primera carta enfatizando que el adorno en las mujeres no debe ser exterior.

Adornos

"no con peinado ostentoso"; 1ª Timoteo 2:9

El término griego que se traduce como ostentoso es
"plegma", que significa lo que es tejido. La idea es la de ornamentación del cabello. Los griegos acostumbraban a lucir peinados rizados o encrespados con la incorporación de cintas, en algunos casos de oro. Se conocen algunos peinados griegos como el "perlado" que consiste en cabellos largos sobre la espalda, divididos en mechones, y estos divididos a su vez en segmentos. También sobre la cabeza el peinado está ordenado en forma de perlas y sujeto por una cinta.

En la Época clásica y helenística, el peinado en la mujer varía mucho, siendo frecuente el peinado de
"lampadión" (antorcha en griego). El cabello va peinado hacia atrás y envuelto en una banda de la que sobresalen las puntas como las llamas de una antorcha. El recogido puede llevarse en la frente o detrás de la cabeza.

El peinado en forma de melón goza de gran preferencia e incluso es llevado por reinas y emperatrices romanas. En él, el cabello es dividido en diversos fragmentos que se peinan hacia atrás torneados o tirantes y allí se forma una trenza o un moño.

Cada generación tiene sus propias marcas características de mundanalidad. En la actualidad las marcas características de mundanalidad son otras, por ejemplo, los colores diversos con los que las mujeres se tintan el cabello, aunque no faltan los cortes de cabello con estilo masculino y los cortes con estilo heredado de artistas diversos.

El cabello de la mujer cristiana no debe servir en absoluto para lucir peinados promotores de la ostentación, para lucir colores varios, o cortes de todo tipo, como en la actualidad muchas mujeres acostumbran a hacer. La compostura del cabello es en la mujer un rasgo distintivo de su identidad y no debe ser alterado de ningún modo, y el hacerlo es una vergüenza;
1ª Corintios 11:6. Como castigo por su conducta las hijas de Sion fueron rapadas, lo cual hizo Dios para su vergüenza; Isaías 3:17,24.

"ni oro, ni perlas"; 1ª Timoteo 2:9

El término griego traducido como oro es
"jrusós", que da la idea de artículo de oro como ornamento. El uso de diversos artículos de oro como adornos para el cuerpo se remonta al 3.000 A.C. durante la época babilónica, asiria y sumeria, como lo demuestra la Escritura al decir que el mayordomo de Abraham obsequió a Rebeca con alhajas de plata y de oro; Génesis 24:53. El uso de estos adornos estaba vinculado a la idolatría por estos pueblos, fue por ese motivo que Jacob de regreso a casa de su padre se detuvo en Bet-el con su familia y les exigió que se despojaran de los ídolos y los adornos vinculados a los ídolos, como los zarcillos; Génesis 35:2-4.

Pero los más apasionados en el uso de artículos de oro y otros metales como adornos para el cuerpo fueron los egipcios. Los artículos más usados por los egipcios eran los brazaletes, los collares, los pectorales y los anillos. Aunque el artículo más popular entre los egipcios fue el pendiente o zarcillo, usado tanto por hombres como por mujeres. Uno de sus faraones, Akenaton, fue el que introdujo la perforación del lóbulo de la oreja para lucir este adorno.

En el éxodo de Egipto, junto a los hijos de Israel, salieron una multitud de toda clase de gentes que se mezcló con los hijos de Israel;
Exodo 12:38 y que hizo tropezar a los hijos de Israel; Números 11:4. Estas gentes practicaban la idolatría y usaban los adornos de los egipcios, como lo demuestra el suceso en el monte Sinaí; Exodo 32:1-4. Más tarde esta práctica fue algo habitual entre los hijos de Israel, por lo que Dios profirió palabras de castigo contra ellos; Oseas 2:13.

El resultado de utilizar este tipo de adornos fue tan degradante entre las mujeres israelitas, que el Señor les aseguró quitaría estas cosas de entre ellas;
Isaías 3:18-21.

Para algunos profesantes de hoy el utilizar adornos de oro u de otro metal no representa nada, ni entraña ningún mal el utilizarlos, pero si no es así, ¿porque el Espíritu Santo profirió palabras de castigo contra los que practican tales cosas?. Los que profesamos piedad sabemos discernir cuando algo no es grato a los ojos de Dios, y el uso externo de adornos de cualquier tipo no lo es.

"espíritu afable y apacible"; 1ª Pedro 3:4

En
1ª Pedro 3:4 el Apóstol Pedro señala cual a de ser el adorno del creyente. El adorno debe ser el interno, el del corazón, un adorno incorruptible que surge de un espíritu afable y apacible. El término griego para afable es "praús" que significa humilde, manso, afable. En Mateo 11:29 el Señor Jesús dijo: "...aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón..." pues él, mejor que nadie adornó su vida, tomando forma de siervo y sujetándose al Padre en todo. En contraste al orgullo, la altivez y la ostentación que promueven los adornos exteriores, los creyentes han de adornar su vida con la humildad que nace de un corazón regenerado y que conduce a la mansedumbre y la paz.

El término griego traducido como apacible es
"esuchios", adjetivo que denota la tranquilidad que surge del interior, no causando perturbación a otros. La señal de identidad del creyente es precisamente la tranquilidad que surge de un corazón confiado en Dios, y que no se mueve ante la prueba y la adversidad.

Cualquier otro adorno que no sea este, no responde al mandamiento del Espíritu Santo que inspiró a estos santos hombres de Dios a escribir sobre este particular.

La pauta para vestirnos esta establecida en la Palabra de Dios y no podemos decir o argumentar que Dios no se fija o tiene en cuenta esto, pues Dios nunca da instrucciones por medio del Espíritu Santo en vano. Seguir las instrucciones de la Palabra de Dios sobre este particular no es opcional es un deber de aquellos que profesamos piedad.

Vargas, J.C. (2009) La Vestimenta-Parte 3. Extraído el 3 de junio de 2009 desde http://lluviasdebendicion.org/


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